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En cada una de las pestañas encontrareis una seccion diferente: en "Pagina principal", las entradas habituales. En "Trabajos y días", articulos de literatura e historia, "De mis lecturas" reúne notas, resumenes y opiniones sobre libros que me interesan y he leído en los últimos tiempos. En la pestaña "Desde el Asilo" (Libro), están todas las historias contenidas en ese libro, en cuyo inicio se explica el titulo de este blog. "Cuentos truculentos" reúne los comprendidos en el libro del mismo título. Cualquier texto que aqui se publica está a disposición del publico, naturalmente citando la fuente. Sírvase usted mismo.















martes, 21 de marzo de 2017

ÁRBOLES Y ROSAS VERDES


El viajero recorría la galaxia siguiendo el periplo del Pequeño Príncipe. Pasó por el planeta del rey sin súbditos, por el del hombre vanidoso que se creía el más admirado del orbe, por el del borracho que bebía para olvidar que lo era, por el del hombre de negocios que se creía dueño de las estrellas…
Cuando llegó al asteroide B-612, hacía ya muchos años que el Principito no estaba. La rosa que con tanto esmero cuidaba, había desaparecido de su urna de cristal. El planeta, gracias a sus desvelos, estaba libre de baobabs, pero yermo de cualquier otra planta. El viajero recordó el vuelo nocturno de St. Exupery y sus aventuras en medio del inhóspito desierto del Sahara donde solo crecen plantas raquíticas después de las breves y espaciadas lluvias. Quizás el aviador se había marchado con la ilusión de cubrir de árboles el gran desierto.
Imaginó un bosque lleno de verdor y decidió plantar en aquel asteroide abandonado unos árboles que recordaran tiempos pasados, al Principito y al aviador intrépido, donde pudieran jugar los niños que viajan por las galaxias, si es que algún día visitaban el asteroide que ahora era el suyo. Plantaría también unos cuantos rosales con flores de color verde, como las había visto en su lejano país cuando él mismo fue niño.
Plantar arboles no es tarea sencilla, hay que conseguir los plantones, seleccionar su clase para que el conjunto sea equilibrado y sostenible, plantear la ubicación de cada uno, hacer los hoyos adecuados y después regarlos de forma regular para que prosperen. Con los rosales pasa algo parecido, más si pertenecen a una variedad tan especial como las rosas verdes.
Se aplicó a la faena y al poco tiempo, el asteroide B-612 se cubrió de color. Los arboles crecían y los rosales florecieron dándole al pequeño planeta un aspecto desconocido.

Lástima que la belleza engendre envidias. Un día, el dragón de las galaxias emitió un viento huracanado que a punto estuvo de sacar los astros de sus orbitas. Recorría el firmamento arrancando arboles, plantas, y arrasando cuanto encontraba a su paso. Por eso el visitante tuvo que dormir para siempre con un ojo abierto, como el dragón Fafner que guarda el tesoro de los Nibelungos bajo las aguas turbias del Rin. El viajero preparó sus baterías de defensa: le haría frente al dragón, si es que llegaba a su mundo, con toda la carga de razonamientos de que era capaz.

martes, 14 de marzo de 2017

DE MONARQUIAS Y REPUBLICAS (y III)

Henos con Rey constitucional (Alfonso XII) al que las malas lenguas suponían bastardo, y un sistema pendular entre los partidos Liberal-Conservador liderado por Antonio Cánovas del Castillo y Liberal-Fusionista que encabezó Práxedes Mateo Sagasta, (también invento del primero, que prefería hacerse la oposición controlada, algo así como la Coca y la Pepsi).
La corrupción política y el caciquismo se enseñorearon del país. Se aprobó la Constitución de 1876, finalizó la guerra carlista, se redujeron los fueros vascos y navarros y cesaron, aunque de forma transitoria, las hostilidades en Cuba mediante la Paz de Zanjón.
El precario estado de salud de SM., agravado por la generosa asistencia que se empeñó en dispensar a los afectados por la epidemia de cólera valenciana en el año 1885, (acción que le valió el arrastre de su carroza por el pueblo de Madrid como había sucedido años antes con su felón abuelo Fernando VII), acabó llevándolo a la tumba a finales de ese mismo año.

Entre los muchos deberes que dejó sin concluir figuraba su heredero, nacido pocos meses después, que se encontró ya rey desde ese momento aunque bajo la regencia de su madre Mª Cristina de Augsburgo-Lorena. Cuando Alfonso XIII, que más tarde sería conocido por el sobrenombre de “El africano”, y en Cataluña “El cametes” por lo delgado de sus piernas, se hizo cargo del poder a los 16 años, se encontró un panorama por demás convulso: falta de una verdadera representatividad política de amplios grupos sociales, pésima situación de las clases populares, los problemas derivados de la guerra del Rif, el nacionalismo catalán espoleado por la poderosa burguesía barcelonesa, etc. Luego acometieron al país toda una serie de desastres: la guerra contra los EEUU, la pérdida de las últimas colonias americanas, la guerra del Rif... Por si fuera poco, sufrió un par de atentados que estuvieron a punto de acabar con su vida, (uno en Francia junto al Presidente de la Republica y otro en Madrid, al lado de su esposa). El final fue la dictadura de Primo de Rivera que desembocó en la II República. Tampoco esta mano hubo suerte y la Republica acabó violentamente tras los tres años de guerra desencadenados por un grupo de generales rebeldes al frente de los cuales se encontraba el cariñosamente conocido como “Paca la culona”. Cuarenta años de agonía acabaron reponiendo en el trono a uno de los descendientes borbónicos, Juan Carlos I, de eficaz y reconocida trayectoria. Ahora nos encontramos con una monarquía en vías de consolidación, una vez el vástago encajado con la discreción requerida en la real cureña, pero a la que le salen ramas bordes, antojadizas y malsanas de difícil escarda mientras el resto de nostálgicos republicanos sueñan con épocas pasadas y tiempos más acordes con democracias cercanas.
El futuro, como siempre, se presenta tanto más interesante cuanto desconocido.




martes, 7 de marzo de 2017

DE MONARQUIAS Y REPUBLICAS (II)

Isabel y Fernando habían decidido que España era una nación uniforme. Pusieron en marcha la escoba de barrer judíos y moros con la que comenzó nuestra miseria ideológica y cultural, y se mantuvieron, con mayor o menor fortuna, sistemas monárquicos que llegaron hasta el S. XIX.
Con la salida de Isabel II rumbo a Paris después de la revolución de 1868 (La Gloriosa), acabó una larga época de reinado borbónico continuador de la monarquía absolutista de los decadentes últimos Austrias. Aquella pobre mujer, ignorante, glotona y calentorra a la que habían casado a los dieciséis años con un primo no se sabe bien si memo, mariquita o ambas cosas, fue el triste broche que cerraba una de las épocas más desdichadas de nuestra historia. Pero no todo estaba dicho. El Parlamento, que ya funcionaba durante el reinado de Isabel, decidió dotar al país con un nuevo monarca apadrinado por el General Prim. Y apareció en escena un “paracaidista” real al que llamaron Amadeo I de Saboya.
Este buen hombre, grado 33 de la masonería, más elegante que culto a decir de Eslava Galán (como tantos otros monarcas que en España han sido), tuvo la rara habilidad de concitar contra su figura las iras mancomunadas de toda la oposición parlamentaria e incluso de la iglesia católica, que le achacaba la desamortización y ser, además, hijo del monarca que había clausurado los Estados Pontificios. En febrero de 1873 le dieron “la mota negra” y un billete de regreso a su Turín natal, donde volvió con notable alivio y sin haber aprendido una palabra de castellano.
Alfonso Francisco Fernando Pío Juan de María de la Concepción Gregorio Pelayo de Borbón y Borbón (conocido familiarmente como Alfonso XII), se encontraba en su dulce exilio de Gran Bretaña cuando el insigne prócer don Antonio Cánovas del Castillo (uno de los más brillantes políticos conservadores de la historia contemporánea, artífice de la falsa democracia del “turno de partidos”, de la suspensión de la libertad de cátedra y notable esclavista), le convenció para que se hiciera cargo del trono de España, huérfano desde la abdicación de su madre. En virtud de esa curiosa circunstancia por la cual los reyes tienen extraños derechos a determinadas coronas, el rey en ciernes publicó el Manifiesto de Sandhurst, una verdadera declaración de intenciones reales para gobernar el país. Acababa diciendo que «…ni dejaré de ser buen español ni, como todos mis antepasados, buen católico, ni, como hombre del siglo, verdaderamente liberal».
El general Martínez Campos organizó un levantamiento militar contra la Republica y el asunto se solucionó por la vía rápida.



Continuará en el próximo número.

martes, 28 de febrero de 2017

DE MONARQUIAS Y REPUBLICAS (I)

Nuestros primos italianos optaron, en su minoría de edad política reciente, por una forma de gobierno que a nosotros no nos dio buen resultado según demostraron las experiencias de los años 1873 y 1931. Y sin embargo, habían sido ellos los inventores de la monarquía en el universo cultural que compartimos. Cuenta la leyenda que dos gemelos, quizás de origen etrusco, abandonados a su suerte recién nacidos, fueron amamantados por una loba y rescatados así de un futuro incierto. Crecieron en edad y sabiduría, gracias al aporte energético de aquellos primeros calostros y andando el tiempo, a uno de ellos llamado Rómulo se le ocurrió fundar una ciudad a la que llamó Roma. Como nada es eterno y menos la vida del hombre, tuvo que ser sucedido cuando le llegó la hora por otro rey que heredó sus posesiones y su mando. Se llamaba este último Numa Pompilio y fue el segundo de una serie de reyes (Tulio Hostilio, Anco Marcio, Lucio Tarquino Prisco, Servio Tulio y Tarquino el soberbio), elegidos por el pueblo de Roma para que gobernaran de forma vitalicia. En un alarde de imaginación, se les reconoció el derecho de auspicium, capacidad para interpretar los designios de los dioses sin cuyo beneplácito no podía realizarse ningún asunto público. Las monarquías de otros países tomaron nota y sus reyes se acogieron también a los designios sagrados. De esta forma lograron que su mandato terrenal quedara refrendado por la divinidad, lo que hacía muy difícil que sus actuaciones fueran puestas en tela de juicio. El ultimo de la serie romana que, como su nombre indica era algo déspota, dio al traste con el sistema y el pueblo se concedió un gobierno republicano, confiando a dos cónsules elegidos anualmente el papel que antes había ostentado los reyes.
Unos 754 años después (ab urbe condita), se iniciaba la era cristiana y los diversos pueblos y naciones ensayaban a su vez sistemas de gobierno que evolucionaron desde las monarquías absolutas a republicas más o menos exitosas y por fin a las democracias modernas, cuyo germen habían ideado los griegos en sus acotadas polis.
Harto de monarcas inútiles, una buena parte del pueblo español optó por el sistema republicano, que proclamaron las cortes el 11 de febrero de 1873. Pero el asunto duró poco, sea por la inmadurez política de la población, por las guerras carlistas, la sublevación cantonal, la guerra de Cuba, o vaya usted a saber, que en esto, como en casi todo en la vida, hay opiniones variadas. El caso es que ninguno de los cuatro presidentes que se sucedieron en los dos años escasos que tuvo de vida la I Republica, lograron estabilizar el país.
Hasta que un conservador malagueño llamado Cánovas del Castillo, organizó la restauración borbónica con el regreso a España del único hijo varón de Isabel II, el príncipe Alfonso de Borbón.



Pero eso merece otro espacio y mayor sosiego.





domingo, 12 de febrero de 2017

ÁRBOLES Y BANDERAS EN SANTOMERA

A mí, lo de plantar árboles me parece bien. Si es en el Siscar (hermoso barrio de mi pueblo), bien. Y si es en Los Ásperos (otro bello paraje del mesmo pueblo), también. Y si es en otro sitio, también.
Si propicia el primer ‘evento’ la comisión de la Memoria Histórica, con el apoyo del ayuntamiento, para hacer un parque con plantones de diferente pelaje, bien. Si el objetivo es que dentro de poco puedan corretear entre sus troncos y bajo las frondas esperadas los chiquillos, pasearse los viejos y arrullarse las parejas promisorias, bien.
Si propicia lo segundo ‘El Quijar de la Vieja’ con su incombustible capitán al frente, en el paraje de ‘Los ásperos’, para que todos nos concienciemos de que hemos de respetar nuestro entorno y dejarlo a nuestros descendientes mejor que lo encontramos, bien también.
Si en el primero se exhiben banderas republicanas (que no serán constitucionales, pero que a muchos les llenan de añoranza esperanzada), bien.
Y si a algún nostálgico trasnochado le parece oportuno acudir el mismo día, a la misma hora a plantar lo que sea (si el lugar es el adecuado), exhibiendo una bandera añeja con aguilucho incluido (aunque tampoco sea constitucional), creyendo dar la réplica a los plantadores originarios, bien.
¡Qué magnífica lección de democracia, libertad y respeto tuvimos! Cada uno que haga lo que le parezca oportuno, sin molestar ni ofender a nadie. Decían los antiguos del pueblo que ‘cada perrico que se lama su p…co’. Y creo que tenían razón.
Al día siguiente, Los Ásperos; plantones de lentisco, acebuches, palmeras, pinos… Picazas inexpertas pero voluntariosas, fraternidad, buena armonía, actividades de pueblo sano. Esta vez sin banderas. Bien, también.
Un buen fin de semana arborícola.

Pax vobiscum, vecinos.
(Por cierto, las fotos son de Blas Rubio, a cada uno lo suyo).

viernes, 27 de enero de 2017

LA CANTERA DE SANTOMERA CON TORTUGAS AL FONDO

Los fríos crueles que nos han azotado en los últimos días han limitado la tertulia, pero como siempre que llueve escampa, la bonanza del timido sol de invierno nos reúne de nuevo al amor de las tostadas y el café mañanero en el hogar del pensionista.
El Cacaseno ataca con renovado brío:
—¿Oísteis ayer la tertulia de la radio?
Los contertulios asienten en silencio.
—¿Se cierra o no se cierra la cantera? Es uno de los acuerdos del programa electoral de PSOE y Alternativa.
—Ya vienes empujando, Cacaseno. Sabes que ese es un caso viejo y doloroso, cuyo solo enunciado levanta ampollas. Más vale dejarlo estar.
—Hombre, tío Juan, cuando no te gusta el giro que toma la cosa, te pones de perfil, como tu jefe de Madrid, y las dejas pasar.
—No es eso, Cacaseno, es que no se puede jugar con el pan de las familias que viven de la cantera.
—No confundas el culo con las témporas, el que vive de la cantera es el empresario, García-Balibrea, que lleva en situación ilegal cuarenta años haciendo su agosto gracias a los agarres que tiene en el gobierno de la comunidad. Es un negocio ilegal, y un tribunal ha corroborado la orden de cierre del Ayuntamiento, así es que ciérrese.
— ¿Y si luego le autorizan la actividad?
— ¿Cuarenta años después? Pues que le reclamen al juez que la ha autorizado. Ya estamos con el fantasma del lucro cesante, a ver si acojonan al ayuntamiento y se están quietos, como todas las anteriores corporaciones. Mira lo que le pasó a Gil, que las pasó canutas por meterse con ellos. Luego lo absolvieron de prevaricación, pero el daño estaba hecho y, que yo sepa, nadie le ha pedido excusas.
—No me cambies el tercio. El verdadero problema es para las familias que podrían quedarse en la calle. Lo único en que si te doy la razón es que no entiendo la postura de los partidos, (o partido, porque el PP también les cerró la planta de hormigón y autorizó el cierre en 2009, según creo), que se manifiestan a favor de la continuidad, como si esa actividad representara algo bueno para el pueblo.
—El tercio lo cambias tú, el problema es el de una actividad ilegal, que pretende cargarse la parte de la sierra de Orihuela que nos pertenece (en la otra parte, protegida, no tendrían nada que rascar), para lograr un beneficio empresarial, que es el único objetivo de cualquier empresa. Por lo que se refiere a los trabajadores, se les ofreció en su día mantenerles los puestos de trabajo haciendo de la cantera un vertedero de estériles o algo por el estilo, y rechazaron la oferta.
—Hombre, no iban a morder la mano que les da de comer.
El asunto se encrespa, como se encrespan todas las ‘tertulias’ donde se manifiestan intereses encontrados, sean del tipo que sean. Fernández interviene:
—Señores, tengo la solución: se cierra la cantera, como dice el juez. El empresario ya habrá hecho a estas alturas las perras necesarias, se convierte la zona en una reserva para la tortuga mora, en peligro de extinción, y se da, con ello, un puesto a los trabajadores cesantes.
— ¿Y por qué para la tortuga mora?
—Porque tener tortugas moras (testudo graeca) está prohibido, si te coge el SEPRONA con ellas te las quita y te pone un multazo, luego las llevan al Centro de Recuperación del Valle y las sacrifican. ¡Toma castañas y conservación de la especie!

—Oye, pues no me desagrada esa solución. Será cuestión de hablarlo.

martes, 10 de enero de 2017

ASCETAS

Me dijeron: ‘Si quieres comprender, sube a la montaña donde moran los ascetas entregados a la meditación y al ayuno, ellos poseen la sabiduría. Conocen el pasado y el futuro de los hombres, nada les es ajeno ni oculto’.
Llevaba tanto tiempo buscando, que unas jornadas más de recorrido no tenían importancia. Me dirigí a la montaña de las nieves eternas que alimentan a la madre Ganga. Alli encontré un hombre que jamás habia cortado sus cabellos y envolvía su escuálido cuerpo en harapos.
—Dime, padre santo, cual es el objetivo de la vida.
Permaneció en silencio, absorto en sus meditaciones tres días, al cabo de los cuales me respondió, con un soplo de voz:
—La vida tiene un solo objetivo, que comienza y acaba en ella misma.
Seguí ascendiendo la montaña y encontré a otro hombre santo que mantenía su puño cerrado, a través del cual habían crecido las uñas hasta traspasar la palma.
—Dime, padre venerable, ¿Cuál es el objetivo de la vida?
Meditó durante un día y me respondió:
—Es la contemplación de uno mismo hasta lograr la comprensión de lo absoluto.
Seguí ascendiendo la montaña. Encontré al más anciano y respetado de cuantos santos pueblan aquellas cimas. Tenía extendido un brazo por encima de su cabeza y en el cuenco cerrado de la mano, lleno de tierra, habia plantado un arbusto cuyas raíces se enroscaban en su cuerpo.
—Dime, padre de los venerables ¿Cuál es el objetivo de la vida?
Me miró con ojos vacíos.
—No tengo respuesta, para ti ni para mí.

Decidí quedarme junto a él.   
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