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En cada una de las pestañas encontrareis una seccion diferente: en "Pagina principal", las entradas habituales. En "Trabajos y días", articulos de literatura e historia, "De mis lecturas" reúne notas, resumenes y opiniones sobre libros que me interesan y he leído en los últimos tiempos. En la pestaña "Desde el Asilo" (Libro), están todas las historias contenidas en ese libro, en cuyo inicio se explica el titulo de este blog. "Cuentos truculentos" reúne los comprendidos en el libro del mismo título. Cualquier texto que aqui se publica está a disposición del publico, naturalmente citando la fuente. Sírvase usted mismo.















martes, 10 de enero de 2017

ASCETAS

Me dijeron: ‘Si quieres comprender, sube a la montaña donde moran los ascetas entregados a la meditación y al ayuno, ellos poseen la sabiduría. Conocen el pasado y el futuro de los hombres, nada les es ajeno ni oculto’.
Llevaba tanto tiempo buscando, que unas jornadas más de recorrido no tenían importancia. Me dirigí a la montaña de las nieves eternas que alimentan a la madre Ganga. Alli encontré un hombre que jamás habia cortado sus cabellos y envolvía su escuálido cuerpo en harapos.
—Dime, padre santo, cual es el objetivo de la vida.
Permaneció en silencio, absorto en sus meditaciones tres días, al cabo de los cuales me respondió, con un soplo de voz:
—La vida tiene un solo objetivo, que comienza y acaba en ella misma.
Seguí ascendiendo la montaña y encontré a otro hombre santo que mantenía su puño cerrado, a través del cual habían crecido las uñas hasta traspasar la palma.
—Dime, padre venerable, ¿Cuál es el objetivo de la vida?
Meditó durante un día y me respondió:
—Es la contemplación de uno mismo hasta lograr la comprensión de lo absoluto.
Seguí ascendiendo la montaña. Encontré al más anciano y respetado de cuantos santos pueblan aquellas cimas. Tenía extendido un brazo por encima de su cabeza y en el cuenco cerrado de la mano, lleno de tierra, habia plantado un arbusto cuyas raíces se enroscaban en su cuerpo.
—Dime, padre de los venerables ¿Cuál es el objetivo de la vida?
Me miró con ojos vacíos.
—No tengo respuesta, para ti ni para mí.

Decidí quedarme junto a él.   

martes, 3 de enero de 2017

JUDÍOS, RELIGIONES, Y ARBOLES DE NAVIDAD


Leo en la prensa que el rabino de uno de los más prestigiosos centros universitarios de Haifa, el Politécnico Technion, prohíbe a los estudiantes judíos que visiten las dependencias de la Unión Estudiantil, donde se encuentra instalado un árbol de navidad, por considerarlo un símbolo pagano que atenta gravemente contra el imaginario y las costumbres judías. Para el rabino Elad Dokow, la colocación del árbol es una afrenta a “la identidad judía” y un símbolo de “idolatría pagana”. “El árbol de navidad es un símbolo, no cristiano sino más problemático aún, pagano. La Halajá (ley religiosa judía) nos dice que, siempre que podamos, eludamos pasar por un lugar donde haya cualquier tipo de idolatría”, escribió en la página web Sruguim.
El caso ha desencadenado cierta polémica, ya que todas las autoridades religiosas judías no tienen una idea tan restrictiva de lo que significan los símbolos ‘paganos’ en relación con la ortodoxia judía. Así, el portavoz del Consejo de Obispos de Tierra Santa, Wadie Abunassar, condenó la decisión: “El rabino Dokow puede expresar su libre opinión, pero no interferir en la libertad de otros. También los que colocaron el árbol son personas libres. La sociedad israelí necesita respeto y tolerancia y no veredictos rabínicos que causen más separación”, declaró.
Y más allá de lo anecdótico que parezca elevar a categoría de símbolo religioso o pagano un modesto árbol de navidad, surge la reflexión de hasta qué punto los extremismos religiosos son capaces de perturbar la convivencia de las personas, basándose solamente en ideas, tradiciones o religiones, tan verdaderas o falsas como cada uno pueda considerar siguiendo su libre opinión.
Resulta curioso, o por lo menos digno de reflexión el hecho de que los mitos, de cualquier tipo que sean, necesitan para su sustento y reafirmación un número creciente de seguidores (‘somos muchos, todos creemos lo mismo, luego esa es la verdad’). La diferencia entre secta y religión es solamente una cuestión de número.
Si de verdad la religión fuera un problema de firme creencia, no serian precisos ni la expansión del número de adeptos ni la exclusividad de ritos y símbolos. Cuando uno está firmemente seguro de algo, de poco han de importarle las ideas u  opiniones de los demás.
Los judíos tienen la ventaja, (además de poseer la única religión verdadera), de ser el pueblo escogido por su dios. La primera de las ‘religiones del libro’, el judaísmo, reúne a unos 18M. de fieles, mientras que los cristianos suman cerca de los 2.000M. y los musulmanes alrededor de los 1.500M., por no hablar de los otros miles de millones que profesan diferentes religiones (Budismo, Brahmanismo, Confucionismo, etc.), o no profesan ninguna. El espectro es de considerable amplitud.
Al parecer esto de las religiones es asunto que trasciende jornadas de Yom Kippur, Acción de Gracias, Navidades, Fiestas del Cordero, y asuntos similares. Todas son verdaderas o falsas, según el color del cristal con que se mire, y una buena praxis para la convivencia imprescindible, en este mundo que compartimos todos con igual derecho, sería respetar las ideas de cada uno sin imponer las propias. Y concederle a las creencias y los mitos la importancia que realmente tienen.



viernes, 23 de diciembre de 2016

SEÑOR PRESIDENTE (XXI). Adiós, José Mari


Comparto, señor presidente su tribulación decepcionada con el anuncio de nuestro querido José Mari de dejar la presidencia honoraria del partido que con tanta elegancia ha ostentado durante los últimos años.
Estoy seguro de que echará Ud. de menos los sabios y oportunos consejos que, desde los más diversos foros -a menudo internacionales-, propiciaba a tirios y troyanos, con una generosidad digna del mayor encomio. Habremos de conformarnos con su marcha, porque la política es así –hoy personas y mañana estatuas-, pero no me cabe duda de que su hueco ha de ser difícilmente sustituible.
Habrá quien diga que el asunto se venía gestando desde que usted logró en 2011 aumentar en 32 los escaños obtenidos en la última legislatura de su partido, ganándole al hasta ahora Presidente Honorario por tres. O que fueron los dos mandatos socialistas culpables del desamor paulatino manifestado por el ex-Presidente Honorario en numerosas ocasiones. Ocasiones que culminaron en “el quinto aviso, que no se puede desoír” que le dirigió tras la pérdida del 11% de votos en las elecciones municipales de mayo del mismo año. Olvidan, quienes así piensan, que fue Ud. directamente señalado para el poder por el dedo omnipotente –a semejanza del que adorna el techo de la Capilla Sixtina-, llenando el vacío de Rato y laminando a Mayor Oreja. Otra cosa es que, ya investido presidente, no se atuviera a los sabios consejos de ‘la cabeza pensante’, o que decidiera emplear como constante de su política la estólida inmovilidad de don Tancredo que tan buenos resultados le ha dado hasta el momento.

Puede que el asunto de Cataluña, cuya lengua conoce José Mari como la suya propia (y bastante mejor que otras de allende los mares), haya sido un motivo más de desencuentro, pero el tiempo ha demostrado que la rígida posición al respecto de que Ud. ha hecho gala, le ha dado la razón en los tribunales que jamás se equivocan. Y que si el número de separatistas ha crecido en progresión geométrica en Cataluña, se debe exclusivamente al carácter levantisco y secesionista de gran parte de su población. Pude Ud. ufanarse de que a la consideración de España como ‘una grande y libre’, pocas personas vivas pueden ganarle.

‘Cuando te dieren la vaquilla, corre con la soguilla’, decía el clásico, o lo que es parecido, ‘a enemigo que huye, puente de plata’. Y por la marcha de FAES, no se preocupe, en un plis plas se monta otra fundación para hacerle la puñeta a JM.

Pues eso. Y felices pascuas.

martes, 13 de diciembre de 2016

CHAMANES Y DIOSES

Hace miles de años, un grupillo de antepasados se reunía en las profundidades de una caverna alumbrados por rústicas lucernas de piedra. En ellas quemaban ciertas hierbas que les proporcionaban una sensación de mágica potencia. En las paredes lisas de la cueva dibujaban, con ocre y polvo de carbón, las piezas que se disponían a cazar al día siguiente; las presas aprisionadas en los  dibujos caerían fácilmente bajo sus azagayas de punta endurecida al fuego. Un hombre cubierto de amuletos y  ataviado de forma diferente, los dirigía. Era el primer chamán.
Ese hombre se había dado cuenta de que podía interpretar la voluntad de los seres todopoderosos que habitaban las alturas de donde procedían su ventura o su desdicha. De lo alto venía el sol beneficioso que calentaba sus huesos ateridos después de las noches húmedas, y la lluvia que hacía crecer la hierba para alimentar los rebaños de ungulados de los que dependían sus vidas. Pero también, el trueno aterrador, el rayo que incendia y mata, y el manto blanco que enfría los huesos y acaba con la vida de niños y viejos.
El chaman se dio cuenta de que podía erigirse en intérprete de aquellos seres imaginados. Sus compañeros eran crédulos y estaban atemorizados, inermes ante  las muestras de poder celestial que escapaban a su comprensión. El chaman les explicó (el chaman era un hombre de fértil imaginación) que si seguían sus indicaciones y le proporcionaban pingües óbolos con que aplacar la ira permanente de los habitantes del cielo, él los encaminaría hasta su compañía cuando llegara el momento. De otro modo, estarían condenados a habitar las profundidades de la tierra donde todo es tiniebla, podredumbre y cieno.
El chaman se convirtió en personaje imprescindible del grupo y su poder se fue acrecentando porque no hacía competencia al jefe de guerra, ni a los cazadores, ni a los hábiles artesanos que fabricaban los útiles, ni siquiera a los viejos sabios, que preferían aconsejarse con  él antes de dar sus indicaciones al grupo. Su poder iba más allá, dominaba el espíritu y la imaginación de la gente. El chamán, gracias a las ofrendas que los miembros de la tribu le proporcionaban con destino a los dioses, vivía en la abundancia con poco esfuerzo.
El chaman edificó una tosca cabaña donde, según dijo, se reunía con los dioses. Ellos le aconsejaban, le comunicaban sus deseos y le exigían los sacrificios necesarios para el bien de la comunidad. Aquella cabaña se convirtió  al poco tiempo en lugar de ceremonia, en seguida se percató de que lo importante era el ritual. Allí se reunían los miembros del clan para las practicas mágicas con que el chamán iba enriqueciendo el culto; cuanto más complicadas y misteriosas, más impacto tenían entre la población.
Después vinieron más chamanes y más edificios de culto llenos de majestuosa grandiosidad, nuevas ceremonias, cada vez más complicadas, botines de cabritilla roja y camaurgos de armiño. La gente, con el paso del tiempo, ya no cuestionó la existencia de los dioses ni el poder de los chamanes, siguió reuniéndose en edificios mayestáticos para pedir imposibles a dioses inventados.


martes, 29 de noviembre de 2016

SUPERLUNA, noviembre 2016

Para mi amigo Blas, irreductible amante de la naturaleza, que esa noche se inundó de luna.

‘Luna lunera, cascabelera’, decía el poeta que no vivió bastante para observarte en el cielo, aunque tenía imaginación suficiente para inventarte vecina a la fragua con un polisón de nardos. Yo sí pude verte, y eché de menos al granadino, con la tristeza de quien compadece una muerte prematura aunque sea lejana.
Te vi, hace ya 72 años, la última vez que estuviste por aquí. Puede que me recuerdes: un niño de pocos meses, gordezuelo de leche condensada, durmiendo plácidamente mientras iluminabas con tus rayos blancos la carita rosada y plácida.  Han tenido que pasar todos estos años para que te olvidara, pero al verte hoy, tan redonda y amarilla, el recuerdo dormido se ha abierto paso hasta mi corazón como una saeta. Eres la misma, la de siempre, la que apareces periódicamente para auscultar el pulmón de la humanidad, la que se retira discretamente hasta la próxima ocasión sin decepción ni esperanza. Estas hormigas no cambian. Siempre con sus pequeñas miserias, guerras, y religiones que no paran de inventar dioses ficticios, buscando sin encontrar jamás. Fingiendo unir a los hombres sin lograr otra cosa que separarlos, porque están destinados a la barbarie y la extinción. Decepcionantes visitas las tuyas, programadas por el espíritu inescrutable del universo.
Pero no pierdes la esperanza. Gota minúscula, apenas visible en el marasmo de galaxias y planetas, la Tierra sigue su ritmo enloquecido, una vuelta cada día, otra cada año, arrasada por la especie dominante siempre en aumento, insensible al palpito caliente del polvo que pisa sin conciencia.
¡Cuantos siglos almacenados en tu memoria! Dicen los astrólogos que antes de que fuéramos humanos, tú ya estabas. Y cuando aparecimos en forma de minúsculas gotas de agua; cada vez que volvías, hubo algo nuevo: los anfibios, los peces y los quelonios. Después los reptiles que exploraban la tierra, y los dinosaurios que corrieron, navegaron y poblaron los aires, con sangre caliente y fría según conviniera. No sé si estarías cerca cuando lo del meteorito del Yucatán. A lo mejor en tus visitas posteriores encontraste a nuestros abuelos mamíferos, y luego nos vistes saltando de rama en rama para por fin, conquistar la tierra y eliminar a cuantos nos hacían competencia.
Te imagino expectante, un poco desolada a cada nueva visita. ‘¿Que habrán perpetrado esta vez? ¿Nuevas guerras? ¿Renovadas injusticias? ¿Dioses enemigos de todo lo anterior?’ Áspero destino el tuyo, nuevo Sísifo obligada una y otra vez a remontar la cima inalcanzable, fuente de decepciones sin cuento.

Se me antoja que este será nuestro último encuentro (dicen que no volverás por aquí hasta 2034), pero no quiero que el postrer mensaje sea de desesperanza. Aún es posible que los hombres recapaciten sobre su ciego destino sin objeto, y se tiendan la mano, siquiera reconociéndose como miembros de la misma especie, por encima de ideas, políticas, y religiones. Yo no lo veré, pero tú, vieja amiga, puede que sí. Tienes el tiempo infinito por delante.

martes, 22 de noviembre de 2016

SEÑOR PRESIDENTE (XX). Ópera bufa

Por fuentes generalmente bien informadas, me llegan noticias de que echa Ud. de menos los comentarios que otrora le hacía llegar con cierta regularidad. Sirva el presente para enmendar el yerro (producto de otros afanes editoriales) y reanudar nuestra fluida correspondencia unilateral.
Quiero seguir animándolo a mantener la estrategia del tancredismo que tan buenos resultados le ha proporcionado hasta ahora. Y de paso, su famosa piel de elefante, tan celebrada por su colega europea. Que ladren mientras, impasible, sigue cabalgando sin desperdiciar inútiles miradas a derecha o izquierda. Oculto tras el plasma, estoy seguro de que es Ud. capaz de detectar la verdadera situación socio-política del país mucho mejor que otros a pie de calle. Los españoles, que probablemente están condenados a no desechar jamás su minoría de edad, son los que, al final, con su voto, corroborarán una actuación impecable que consiste, precisamente en no actuar. Ese es el ‘busilis’ de la cuestión, que a los más espabilados no ha de pasar inadvertido.
Debo felicitarle por los recientes nombramientos de su nuevo gobierno, en especial por el de la Sra. Cospedal, inmejorable candidata al Ministerio de Defensa, donde es seguro que con su habilidad para tomar las decisiones en diferido parcialmente, ha de conducir a nuestras fuerzas armadas a las más altas cotas de la gloria militar. Seguro que los de uniforme están dándose a estas horas con un canto en los dientes.
¡Y del Sr. Fernández Díaz, que diremos! Inmejorable candidato a la Comisión de Peticiones, por más que las malas lenguas lo tachen de intrigante de pacotilla al dejarse grabar como un principiante mientras elaboraba complicados planes de espionaje, propios de una ópera bufa. 
Hay que recolocar a los colegas para evitar que engrose la lista del paro, o las ya repletas consejos de administración de eléctricas y gaseosas.
Créame, Sr. Presidente, los que siempre hemos estado a su lado (o detrás de Ud., porque no se sabe a ciencia cierta donde se ubica en cada momento), seguiremos prestándole nuestro apoyo incondicional, a la espera de las migajas de prebendas con que esperamos ser regalados. Haga oídos sordos a la oposición coletera, que a la otra ya la tiene dócilmente conquistada. Y si no se avienen a razones, elecciones con ellos, y a conquistar la añorada mayoría que le permita gobernar de nuevo sin tantos pactos ni zarandajas. Los españoles necesitamos eso: mano dura y firme, que si no, nos volvemos ingobernables. La historia del último centenar de años nos lo ha demostrado de forma palpable. Y si se ha de recortar, se recorta, preferentemente en sanidad y educación, que de ambas estamos sobrados, y todas las exageraciones son nocivas. Como complemento, alguna ley que cercene la libertad de prensa, que tendemos a confundir la libertad con el libertinaje, como dijo aquél.
Con qué, ánimo y a perseverar en su línea. Como ya le he comentado en alguna ocasión, una política parecida siguió nuestro monarca Felipe II y mire que buenos resultados obtuvo. El país se fue a hacer puñetas, pero él será recordado para siempre como ‘Rey Cristianísimo’. La historia al final, pone a cada uno en su sitio y estoy seguro que a Ud. le reserva  un lugar de privilegio.
Atentamente:


martes, 15 de noviembre de 2016

EL TÍO DEL ESPEJO

Nunca he creído en fantasmas ni en cosas parecidas. Me molestan las historias tétricas de misterios inventados, buenas solamente para atemorizar a los niños o acobardar espíritus pusilánimes. La realidad es la que es, lo demás son inventos, fantasías de mentes calenturientas. Los fantasmas no existen y no hay más misterios que el de la Trinidad. Eso si es un misterio, y gordo.
Así he pensado siempre, pero desde hace un tiempo a esta parte, me vienen sucediendo ciertos fenómenos que me inducen a cambiar de parecer.
Me explico: nuestra casa es un remanso de paz perfectamente ordenado. El hecho de vivir solos desde que todos nuestros hijos salieron del nido para volver esporádicamente a comer los domingos, o a que les cosiéramos el botón de una camisa de vez en cuando, hace que nos hayamos vuelto ligeramente maniáticos y quizás excesivamente ordenados, lo reconozco. Cada uno de los muchos objetos que nos rodean (la mayoría de ellos prescindibles) ocupa un lugar en el espacio y no cualquier otro. De tal manera que, si por alguna circunstancia alguien lo cambia de sitio, aunque esté situado en la vecindad que ocupó primero, me resulta tan difícil de encontrar como si, por alguna extraña razón, hubiera emigrado a las Aleutianas.
Pues bien, con sospechosa frecuencia, me resulta difícil encontrar las gafas que dejé –seguro- en tal sitio, o las llaves que siempre cuelgo en el mismo clavo, o las zapatillas que inexorablemente deposito en mi lado de la cama.  Un ente misterioso enciende de nuevo el fuego de la cocina que –estoy seguro- había apagado al terminar la tortilla francesa, o acciona el interruptor de la luz del comedor que dejé a oscuras, o levanta la tapa del váter que yo había bajado como siempre; es como si alguien se entretuviera en hacerme barrabasadas infantiles. No tengo más remedio que sospechar de algún genio, fantasma o djin se ha instalado en nuestro hogar y se entretiene en hacernos esas pequeñas travesuras a mi esposa y a mí.
Después de darle muchas vueltas e intentar sorprenderlo por todos los rincones de la casa, he llegado a la conclusión de que se trata de un hombre viejo, medio desdentado y calvo que algunas mañanas se asoma a mi espejo del cuarto de baño, sorpresivamente, sin darme tiempo a colocarme las gafas.


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