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PESTAÑAS

En cada una de las pestañas encontrareis una seccion diferente: en "Pagina principal", las entradas habituales. En "Trabajos y días", articulos de literatura e historia, "De mis lecturas" reúne notas, resumenes y opiniones sobre libros que me interesan y he leído en los últimos tiempos. En la pestaña "Desde el Asilo" (Libro), están todas las historias contenidas en ese libro, en cuyo inicio se explica el titulo de este blog. "Cuentos truculentos" reúne los comprendidos en el libro del mismo título. Cualquier texto que aqui se publica está a disposición del publico, naturalmente citando la fuente. Sírvase usted mismo.















martes, 13 de junio de 2017

NOS ROBAN

Hubo una época en que las hordas de nuestros antepasados vagaban por la faz de la Tierra a la búsqueda de frutos, bayas, tubérculos o carroña. En contadas ocasiones, cazaban. Encontraban en esas actividades lo suficiente para sobrevivir y legar a la posteridad su bien más preciado: el ADN. A esa época le llama Yubal Nohah Harari en Sapiens ‘de cazadores-recolectores’. Un día descubrieron, en la amplia zona que riegan el Tigris y el Éufrates, que plantando algunos cereales y leguminosas que allí se daban en estado salvaje, podían obtener suficientes cosechas para permanecer siempre en el mismo sitio y olvidar el errático peregrinaje que habían seguido hasta entonces. Cayeron en la trampa: el trigo les dio de comer, pero a qué precio. Tuvieron que deslomarse roturando las tierras, haciendo canales y eliminando plagas; el trigo es amo cruel que exige un trabajo incesante, fue él quien domesticó al hombre. Se fortificaron las ciudades porque otros grupos de humanos pretendían alzarse con el fruto de su esfuerzo. Vivir hacinados tuvo como consecuencia el aumento de las enfermedades, el asentamiento permitió que las mujeres pudieran disfrutar de más tranquilos embarazos y el número de hijos que necesitaban más alimentos, creció. La trampa se había cerrado. Los gobernantes se dieron cuenta de que la naturaleza tenía gestos imprevisibles y que había que guardar excedentes para los malos tiempos. Nacieron los grandes depósitos de grano y los sistemas de redistribución.
El tiempo ha pasado y la redistribución corresponde ahora al Estado, que la lleva a cabo mediante su Ministerio de Hacienda. Una vez al año reclama la tasa correspondiente a cada uno de los ciudadanos, a las empresas y a cualquier otro negocio. Con lo que recauda, se alimenta a sí mismo, a los demás ministerios y cuerpos del estado, luego cubre los servicios comunes: sanidad, educación, infraestructuras, pensiones, etc.
Pero hecha la ley, hecha la trampa. Hay ciudadanos ‘espabilados’ que colocan sus cuentas en los llamados ‘paraísos fiscales’, cuya sola existencia supone una vergüenza para los países que dicen tener gobiernos ‘honorables’. Otros se acogen a las amnistías fiscales que les hacen a medida los ministros de turno. Aunque luego se declaren anticonstitucionales (con gran sorpresa de los abogados del estado, del propio ministro y del responsable de todos ellos, el Presidente del Gobierno, que no percibieron la anticonstitucionalidad de la medida), el daño está hecho y los cuartos escamoteados jamás se devuelven. Los ciudadanos que así obran, suponen un perjuicio notable para los demás habitantes del país, pues los dineros que defraudan han de salir, necesariamente de los bolsillos de los que sí contribuyen. Esta práctica, profundamente antisocial, debería estar prohibida, o por lo menos penada con ásperas galeras por un largo periodo. Y desde luego, quien acude a ella desde un puesto dirigente, condenado al ostracismo de por vida y a la devolución íntegra de lo estafado, mas el consiguiente y ejemplificador plus para beneficio de todos sus conciudadanos. Y si no devuelve lo evadido, prisión hasta que lo haga. Sencillamente, quien obra así NOS ROBA a todos los demás, y como tal ladrón debería ser tratado, y por supuesto, apartado sine die de cualquier función que rozara siquiera lo público.
Otra cosa resulta incomprensible. Y desde luego, no se trata de chismes, es algo mucho más serio.


martes, 30 de mayo de 2017

ARISTÓTELES Y LA POLÍTICA

Hace ya unos dos mil quinientos años que Aristóteles recomendaba el sistema democrático. Le parecía la menos mala de las formas de gobierno conocidas hasta entonces. Parece que el argumento sigue siendo válido hoy día, y los países que lo han adoptado navegan a contracorriente para que no se les vaya de las manos. El maestro de Estagira detectaba –¡ya entonces!- uno de los graves problemas que el sistema comporta: el de la corrupción, que según parece, es cáncer que acompaña a la sociedad humana desde tiempos pretéritos.
Añadía que todo hombre –suponemos que quería incluir también a las mujeres, aunque no se hubiera impuesto todavía el llamado ‘lenguaje inclusivo’-, es un ente político, es decir susceptible de ocupar un puesto de dirección en los asuntos de la comunidad. Incluía el concepto de parresía: declarar la verdad en todo momento aunque resultara oneroso. Iba más allá y postulaba un sistema en el que todos los ciudadanos de la polis, por turno obligatorio, dedicaran unos años al gobierno de la misma reintegrándose al cabo de ellos a sus ocupaciones habituales; no sin haber rendido cuenta minuciosa de su gestión y de su situación económica antes, durante y al final del periodo en el que fueron dirigentes.
Hace ya tanto tiempo de esas sabias enseñanzas que se nos han olvidado. Ha aparecido una ‘clase política’ que, desde su más tierna infancia se dedica a arrimarse a la teta, militando en las juventudes de cualquier partido, en el que van escalando puestos hasta lograr un confortable acomodo sin más ideario que el del partido ni mas ética que la del modus vivendi asegurado de por vida.
Esta perversión de la clase política –por fortuna con excepciones- hace que las consideraciones éticas de esos personajes sean de un relativismo absoluto (si el oxímoron es permisible), y que su único afán sea aferrarse al sillón conseguido a lo largo de muchos años de aquiescencia. Su pensamiento individual, si alguna vez existió, se ha diluido en el ideario del partido, al que siguen con ciega devoción de autómatas. No en vano su bienestar y el de su familia dependen de su fidelidad incuestionable a la causa, cualquiera que ella sea.
Sin embargo, la ciudadanía tiene la llave del proceso: podemos elegir a quienes han hecho de la política su objetivo in aeternum, o a quienes vienen a ella, ya formados como profesionales en la sociedad, para prestar sus buenos oficios y los conocimiento adquiridos en el roce con sus ciudadanos. En cualquiera de los casos, su periodo de gestión política debería estar limitado por ley.

Más vale analizar con lupa a quienes se postulan para ser los gestores de lo público que plañirse después por las malas prácticas de las que acabamos siendo víctimas. En nuestras manos está.

martes, 16 de mayo de 2017

SEÑOR PRESIDENTE (XXII): País idílico.

Me consta que es usted renuente a las críticas, por eso no voy a hacerle ninguna. Solamente intentaré en esta misiva (espero que le dedique la misma atención que a las anteriores), convidarle a una breve reflexión sobre nuestras dos naciones.
Usted vive en un país donde no existe la corrupción, y si alguna vez existió es cosa del pasado, como aquellos ‘hilillos’ del olvidado navío que a malas penas se notaban, salvo alguna cosa. Los fiscales hacen su trabajo con total independencia, jamás miembro alguno de su partido ha intentado coaccionarlos. Los ex presidentes y pelotas de primero y segundo nivel que están investigados (antiguamente imputados) o en la cárcel, nada tienen que ver con su bando, son cosas de un pasado ya remoto que nadie recuerda. Los tesoreros sucesivos de su formación política que se han alzado con el santo y la limosna son casos individuales de personas ajenas al partido. Las cajas B nunca existieron, son cosa de los Bárcenas y compañía que se llevaban las perras a capazos sin que nadie lo advirtiera. Lo de Bankia, una travesura inocente de Rato -colocado por su antecesor-, las tarjetas blak un simple error contable que ni el Banco de España, ni la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores), ni Deloite detectaron. El autoabastecimiento energético ha pasado a ser una entelequia, igual que los cuarenta días por despido improcedente. En mi región, las autovías terminan de forma abrupta en bancales de limoneros; los aeropuertos después de años y paños siguen sin aviones; los trenes rápidos nunca llegan, ni soterrados ni sin soterrar; el Mar Menor, por la desidia del gobierno local se ha quedado sin banderas azules… Todo eso son minucias y críticas malintencionadas de mensajeros a los que conviene descabezar. La autentica realidad es que a los pensionistas se les aumenta sustanciosamente los ingresos cada año, la sanidad y la enseñanza van viento en popa; la ley de dependencia, a pesar de deberse al infausto Zapatero, reparte ayudas a mansalva. Cada vez hay menos enfermos en el sistema sanitario por la inexorable ley del tiempo y los niños, exentos de elementos perturbadores como la filosofía, se convertirán en ciudadanos adocenados y felices, es cuestión de más champions. Este es un país magnífico.

La prueba palpable de que todo lo anterior responde a la más diáfana de las realidades es que el personal sigue votando a su partido de forma mayoritaria. Tiene usted razón, señor Presidente, vive en un país de ensueño, un país idílico. Ya me gustaría que fuera el mío.

martes, 9 de mayo de 2017

MÁS RICOS, MAS POBRES


Avanzan los países del primer mundo por la senda de la prosperidad, mejores formas de vida, facilidades para acceder a la enseñanza, menos esfuerzo para conseguir lo que antes era inalcanzable… Pero el progreso nos ha revelado el caballo de Troya que camuflaba en su interior: la corrupción que ataca a los ambiciosos con desprecio absoluto de sus semejantes. Los ambiciosos son los que se encaraman al poder mientras los ciudadanos de a pie se resisten a pensar que lo hacen por intereses espurios de los que ellos mismos se sienten lejanos. Es un error que, con frecuencia, cometen las personas honradas.
Y sucede lo que sucede cuando se confía a la zorra el cuidado de las gallinas: que hace un estropicio en el gallinero. Pasados unos cuantos años, las privatizaciones, los recortes en educación, en sanidad, en investigación, en pensiones y en todo lo que suene a derechos sociales, ha hecho su faena: la sociedad se ha empobrecido, pero los ricos son más ricos y los bancos, una vez rescatados con el dinero de todos, se apresuran a ‘reciclarse’ convirtiéndose en empresas de servicios en vez de hacer circular el dinero para impulsar la industria y los negocios. Se aplican sin rubor a la especulación en ‘los mercados’ y a cobrar porcentaje a cualquier transacción por modesta que sea.
Los jóvenes se han acostumbrado a las precarias condiciones de trabajo que les esperan -si es que encuentran alguno-, y a vivir de sus padres mientras puedan. Ser mileurista ha pasado de tener un tinte peyorativo a ser una circunstancia envidiable. ‘Eso es lo que hay’, dicen con un conformismo adocenado, conscientes de  que los tiempos de las revoluciones han pasado y de que, a las malas, ahí están los padres o los abuelos para socorrerlos. Mala enseñanza para los que pronto han de tomar las riendas de este difícil carro que tiende al despeñadero.
El abanico diferencial entre ricos y pobres, lejos de cerrarse como sería la aspiración de toda sociedad igualitaria, se abre cada vez más. La clase media, fautora imprescindible de cualquier revolución social, ha desaparecido. Queda una elite reducida de poderosos y la gran masa acomodaticia de sobrevivientes. Antiguallas como la buena educación, el trato deferente a los mayores o la cortesía en los medios de transporte, han quedado superadas al tiempo que el lenguaje se ha sincopado y los mensajes, necesariamente breves ‘porque si no, no los lee nadie’, han de subrayarse en mayúsculas para que se aprecie su importancia.
No me gusta ser catastrofista, pero tengo la penosa impresión de que somos, quizás por primera vez en la historia, una generación que dejará a sus sucesores el mundo peor que lo recibimos.




martes, 25 de abril de 2017

HOMBRES Y GUERRAS (Una reflexión irrelevante)

De la prensa: SOLDADOS RUSOS HALLAN MUNICIONES FABRICADAS POR EE.UU., ALEMANIA Y BULGARIA EN ALEPO, SUMINISTRADAS A LOS TERRORISTAS.


Cierta perplejidad se apodera del que esto escribe cuando percibe la extrañeza de tantos que se asombran por la permanente situación de guerra y sus subproductos (miseria, desolación, refugiados, muertes) que permanecen enquistadas en gran parte del mundo.
Y digo perplejidad porque parece que olvidamos cual es nuestro origen y, lo que es peor, como hemos llegado hasta este siglo, si no es a base de guerras y matanzas, sean estas territoriales, étnicas o de religión. Vivimos en una permanente ficción, queriéndonos convencer de que ‘esos tiempos pasaron’ y que la actualidad es cosa diferente, como si el código ético que hemos inventado fuera el nuestro y nos permitiera obviar el natural al que estamos sujetos desde nuestra aparición sobre el planeta y del que, a nuestro pesar, no nos hemos desprendido.
Hemos olvidado por completo (haciendo un gran esfuerzo para mirar hacia otro lado) que venimos de especies sujetas a la implacable ley de la naturaleza. Miramos nuestra película irreal y nos decimos ‘éramos fieras, pero ya no. Ya no existe la ley del más fuerte, sino la del más inteligente y más solidario’. Y nos quedamos tan tranquilos, como si el solo acto voluntarista fuera suficiente para imponerse a la realidad. Pero no es cierto. Basta echar una mirada a la historia. Si hacemos ‘un corte’ por cualquier época y en cualquier país, descubriremos multitud de guerras con uno u otro objetivo. Desde que eliminamos a los neandertales y nos quedamos sin competidores específicos, nos hemos empeñado en guerrear unos contra otros por unas u otras razones.
La opción, para la vida acomodaticia de los que hemos tenido la suerte de nacer ‘en la parte confortable’ del mundo, es mirar para otro lado, como mucho suscribirnos a alguna ONG que apadrine niños, animales o plantas y sentirnos satisfechos con ese gesto. Si los famélicos de otros países, atraídos por el espejuelo de nuestra ‘sociedad del bienestar’ intentan acercarse a nuestras fronteras (casi siempre con riesgo de sus vidas), empleamos la táctica inventada hace cientos de años: los muros, hoy bastante más eficaces que la lejana muralla china.
Y si los pobres deciden matarse entre sí, allá ellos. Los países ‘avanzados’ se limitan a enviarles armas al grupo de su preferencia (a veces a los dos) y a procurar que el conflicto se mantenga lejos de nuestra confortable vida, que bastante tenemos con nuestros problemas de exceso de calorías en la dieta, de un suministro eléctrico que nos parece caro, o de donde enviar nuestras basuras siempre crecientes.
Nada extraño desde que el mundo es mundo. Esta misma radiografía se podía haber hecho en cualquier momento del último milenio.




martes, 18 de abril de 2017

EL FIN DE LA PASCUA

Ha terminado por fin la semana santa y cada mochuelo vuelve a su olivo, menos en mi Comunidad Autónoma, que comienza otras fiestas de corte más regional y populachero donde se trocan caramelos por longanizas y morcillas, o pitos y balones. Apoteosis de pseudo disfraces campesinos con final etílico, y de hachones sardineros alumbrando mitologías de cartón piedra.
Durante una semana, las procesiones han invadido calles y plazas en este sur ‘tradicional’ y folclórico-religioso. Las leyendas de hace dos mil años, en forma de estatuas y relicarios, han desfilado a hombros de abnegados penitentes, escoltados de elegantes ‘manolas’, de representante políticos y de las fuerzas del orden, que para eso están, aunque sea a media asta. Las flores han perfumado calles y avenidas, las músicas con sordina, los pitos burlescos y los tambores, han emocionado corazones. Los nazarenos han acumulado un año más a su lista procesional como si se tratara de un mérito que los años incrementan. Puede que una vía de salvación eterna sea la perseverancia procesionaria. Por probar que no quede.
Los objetores pasionarios, ante la avalancha de piedad popular han marchado a la playa o a la montaña, guardando un respetuoso silencio ante la España procesional. Enfrentarse a la inquisición, siquiera de opinión, puede resultar peligroso cuando los espíritus están poseídos de fe tan viva y tan segura de la verdad. Los legionarios han hecho sus demostraciones de habilidad armamentística concitando la admiración y el aplauso del respetable, incluso llevando muestras de su maestría ante unos niños que no sé si entenderían bien lo del ‘novio de la muerte’, que decía el tuerto-manco. Se ha echado de menos a la cabra.

En cualquier caso, la convivencia –salvo contadas excepciones que confirman la regla- ha sobrevivido un año más. Por fortuna, hay espacio para todos y cada uno.

martes, 4 de abril de 2017

BANDO DEL ALCALDE DE COSTANILLA DEL TRABUCO SOBRE LAS PROCESIONES DE SEMANA SANTA.

Me llega, por vías dignas de todo crédito, este bando del alcalde de Costanilla del Trabuco que, para solaz de mis ávidos lectores, incluyo en el blog.
“Estimadas personas de este municipio: se acercan las procesiones de Semana Santa. Como cada año, comienzan las especulaciones acerca de la participación en las mismas de este alcalde y parte, o todo, su equipo de gobierno. Para que cesen las tales y despejar dudas, se precisa una explicación. Y os la voy a dar:
Vivimos en  un país cuya constitución, en su artículo 16.3 dice: Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades, sin más limitación en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden publico protegido por la ley. Y más adelante: Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Lo que permite definir al Estado español como ‘aconfesional’, que no laico.
De ello debería desprenderse la conveniencia de que las cosas civiles vayan por un lado y las religiosas por otro. Ítem más que las creencias en nuestro país se van diversificando y los exclusivismos religiosos tienden a diluirse en variedad de creencias y religiones, lo que puede que nos condujera, en un futuro próximo a participar en desfiles de Musulmanes, Judíos, Testigos de Jehová, Evangelistas, Hare Krishna, o cualquiera otros que decidieran manifestarse públicamente, previo acuerdo con las autoridades competentes. No es nuestro país de los que han adoptado la norma religiosa como legislación civil, sino que en él, ambas se bifurcan y diversifican. La una se ocupa de legislar sobre los cuerpos y la otra sobre las almas. Curiosamente, en el ideario de la religión católica, ya figura desde tiempo inmemorial una recomendación clara en este sentido: ‘Dad al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios’ (Mat. 22:21), pronunciada por el fundador de la misma en un momento de eficaz iluminación. Podría aducirse que las autoridades civiles participan en los desfiles procesionales en lo que se refiere a la parte folclórica y tradicional, argumento que, tratándose de una ceremonia religiosa a la que se le supone cierta seriedad, hace flaco favor a los mentados desfiles.
Dicho todo lo cual y mediante el presente bando, que ordenaré colocar en todas las esquinas de nuestro municipio, anuncio, declaro y participo mi firme voluntad de no desfilar este año (ni los sucesivos que dure mi mandato) en ningún festejo de tipo religioso -sea de la comunidad que sea-, en mi condición de alcalde. Acción que hago extensiva a los miembros del equipo de gobierno. Como es lógico, el presente bando no atañe ni se inmiscuye en las acciones que cada uno de ellos, ni yo mismo, pueda ejercer en su condición de ciudadano particular.
Espero y deseo que esta decisión, tomada con la sana intención de manifestar mi absoluto respeto a las creencias de cada uno, y en aras de la libertad de que deben gozar todos los poderes (sean estos civiles o religiosos), sin injerencias mutuas, sea bien entendida por todas las personas del municipio, cuyo solo bienestar y libertad de conciencia guían mis intereses”.

Dado en Costanilla del Trabuco, abril de 2017.
Vuestro alcalde.









martes, 28 de marzo de 2017

LOS FILABRES CON EL BUDA AL FONDO

A la memoria de Ramón ‘El estuto’ y Carmen, allá donde se encuentren.
El cortijo está situado en un altozano que entornan montañas de crestas abruptas. Se diría un promontorio surgido en el fondo del valle labrado por la boca de un volcán extinto. Al visitante ocasional le recuerda el inmenso cráter del N’Gorongoro que visitó hace años; mires donde mires, las crestas montañosas te rodean, estás en el fondo de una caldera inmensa. Sobre ella, el cielo inacabable, poblado de nubes movedizas entre las que de vez en cuando asoma el sol invernal. Es un mundo aparte, surgido de alguna novela imaginada, como la ilusión de un Verne redivivo. El invitado, inmerso en esa belleza inesperada, siente una paz de espíritu que le resulta novedosa.
Sale al exterior, abandonando sin pena el cálido arrullo de los troncos que enrojecen la llar. El viento se confabula con la naturaleza; es suave, apenas perceptible, pero capaz de bajar la temperatura hasta hacerla gélida: cierto airecillo araña la piel en una caricia agridulce que resulta gratificante. La noche se adueña de la claridad suavemente, y la luna se eleva tímida en lo alto intentando sin éxito redibujar los contornos que el sol abandona a la penumbra creciente. 
El cortijo se abre a una era circular cuyo origen ya nadie recuerda. Las lajas de piedra, encajadas primorosamente, componen una sinfonía entre cuyos intersticios se abren paso con dificultad, hierbas que las lluvias de primavera han propiciado.
No es difícil imaginar, entre las sombras movedizas de los arboles cercanos, espíritus dormidos de las gentes que habitaron estos parajes hace ya tiempo. Esforzados campesinos de manos agrietadas con las que arrancaron a la tierra inhóspita magras cosechas con las que superar los inviernos infinitos. Al cabo de la tarde, ya anocheciendo como ahora, se imagina a la familia alrededor del fuego, y unos versos escuchados hace tiempo le vienen a la memoria:
El hombre que trabaja con sus manos
Lleva el alma en la punta de sus dedos
Y cava zanjas en la tierra seca,
poda los árboles de otoño, sueña
con herramientas y suda las horas
que transcurren tan lentas, tan espesas
como el invierno, el frío y la nostalgia[1].

El espacio que entorna la era, es lugar  adecuado para el  deambular reflexivo, como un jardín zen. Alberga la percepción del paseante que anhela disolverse en la nada, la realidad de cada uno es un efímero aquí y ahora.
La brisa suave convierte el aliento en pequeñas nubes evanescentes, como surgidas de un faquir circense. El paseante disfruta, con el corazón receptivo, de su soledad, alegrándose de que el espíritu del Buda que siente esta noche de forma especial, sea suficiente para llenar a cada uno de los seres que se dejan penetrar por su esencia.




[1] GARCÍA, PASCUAL, Trabajan con las manos, Raspabook, Murcia, 2017. P.15

martes, 21 de marzo de 2017

ÁRBOLES Y ROSAS VERDES


El viajero recorría la galaxia siguiendo el periplo del Pequeño Príncipe. Pasó por el planeta del rey sin súbditos, por el del hombre vanidoso que se creía el más admirado del orbe, por el del borracho que bebía para olvidar que lo era, por el del hombre de negocios que se creía dueño de las estrellas…
Cuando llegó al asteroide B-612, hacía ya muchos años que el Principito no estaba. La rosa que con tanto esmero cuidaba, había desaparecido de su urna de cristal. El planeta, gracias a sus desvelos, estaba libre de baobabs, pero yermo de cualquier otra planta. El viajero recordó el vuelo nocturno de St. Exupery y sus aventuras en medio del inhóspito desierto del Sahara donde solo crecen plantas raquíticas después de las breves y espaciadas lluvias. Quizás el aviador se había marchado con la ilusión de cubrir de árboles el gran desierto.
Imaginó un bosque lleno de verdor y decidió plantar en aquel asteroide abandonado unos árboles que recordaran tiempos pasados, al Principito y al aviador intrépido, donde pudieran jugar los niños que viajan por las galaxias, si es que algún día visitaban el asteroide que ahora era el suyo. Plantaría también unos cuantos rosales con flores de color verde, como las había visto en su lejano país cuando él mismo fue niño.
Plantar arboles no es tarea sencilla, hay que conseguir los plantones, seleccionar su clase para que el conjunto sea equilibrado y sostenible, plantear la ubicación de cada uno, hacer los hoyos adecuados y después regarlos de forma regular para que prosperen. Con los rosales pasa algo parecido, más si pertenecen a una variedad tan especial como las rosas verdes.
Se aplicó a la faena y al poco tiempo, el asteroide B-612 se cubrió de color. Los arboles crecían y los rosales florecieron dándole al pequeño planeta un aspecto desconocido.

Lástima que la belleza engendre envidias. Un día, el dragón de las galaxias emitió un viento huracanado que a punto estuvo de sacar los astros de sus orbitas. Recorría el firmamento arrancando arboles, plantas, y arrasando cuanto encontraba a su paso. Por eso el visitante tuvo que dormir para siempre con un ojo abierto, como el dragón Fafner que guarda el tesoro de los Nibelungos bajo las aguas turbias del Rin. El viajero preparó sus baterías de defensa: le haría frente al dragón, si es que llegaba a su mundo, con toda la carga de razonamientos de que era capaz.

martes, 14 de marzo de 2017

DE MONARQUIAS Y REPUBLICAS (y III)

Henos con Rey constitucional (Alfonso XII) al que las malas lenguas suponían bastardo, y un sistema pendular entre los partidos Liberal-Conservador liderado por Antonio Cánovas del Castillo y Liberal-Fusionista que encabezó Práxedes Mateo Sagasta, (también invento del primero, que prefería hacerse la oposición controlada, algo así como la Coca y la Pepsi).
La corrupción política y el caciquismo se enseñorearon del país. Se aprobó la Constitución de 1876, finalizó la guerra carlista, se redujeron los fueros vascos y navarros y cesaron, aunque de forma transitoria, las hostilidades en Cuba mediante la Paz de Zanjón.
El precario estado de salud de SM., agravado por la generosa asistencia que se empeñó en dispensar a los afectados por la epidemia de cólera valenciana en el año 1885, (acción que le valió el arrastre de su carroza por el pueblo de Madrid como había sucedido años antes con su felón abuelo Fernando VII), acabó llevándolo a la tumba a finales de ese mismo año.

Entre los muchos deberes que dejó sin concluir figuraba su heredero, nacido pocos meses después, que se encontró ya rey desde ese momento aunque bajo la regencia de su madre Mª Cristina de Augsburgo-Lorena. Cuando Alfonso XIII, que más tarde sería conocido por el sobrenombre de “El africano”, y en Cataluña “El cametes” por lo delgado de sus piernas, se hizo cargo del poder a los 16 años, se encontró un panorama por demás convulso: falta de una verdadera representatividad política de amplios grupos sociales, pésima situación de las clases populares, los problemas derivados de la guerra del Rif, el nacionalismo catalán espoleado por la poderosa burguesía barcelonesa, etc. Luego acometieron al país toda una serie de desastres: la guerra contra los EEUU, la pérdida de las últimas colonias americanas, la guerra del Rif... Por si fuera poco, sufrió un par de atentados que estuvieron a punto de acabar con su vida, (uno en Francia junto al Presidente de la Republica y otro en Madrid, al lado de su esposa). El final fue la dictadura de Primo de Rivera que desembocó en la II República. Tampoco esta mano hubo suerte y la Republica acabó violentamente tras los tres años de guerra desencadenados por un grupo de generales rebeldes al frente de los cuales se encontraba el cariñosamente conocido como “Paca la culona”. Cuarenta años de agonía acabaron reponiendo en el trono a uno de los descendientes borbónicos, Juan Carlos I, de eficaz y reconocida trayectoria. Ahora nos encontramos con una monarquía en vías de consolidación, una vez el vástago encajado con la discreción requerida en la real cureña, pero a la que le salen ramas bordes, antojadizas y malsanas de difícil escarda mientras el resto de nostálgicos republicanos sueñan con épocas pasadas y tiempos más acordes con democracias cercanas.
El futuro, como siempre, se presenta tanto más interesante cuanto desconocido.




martes, 7 de marzo de 2017

DE MONARQUIAS Y REPUBLICAS (II)

Isabel y Fernando habían decidido que España era una nación uniforme. Pusieron en marcha la escoba de barrer judíos y moros con la que comenzó nuestra miseria ideológica y cultural, y se mantuvieron, con mayor o menor fortuna, sistemas monárquicos que llegaron hasta el S. XIX.
Con la salida de Isabel II rumbo a Paris después de la revolución de 1868 (La Gloriosa), acabó una larga época de reinado borbónico continuador de la monarquía absolutista de los decadentes últimos Austrias. Aquella pobre mujer, ignorante, glotona y calentorra a la que habían casado a los dieciséis años con un primo no se sabe bien si memo, mariquita o ambas cosas, fue el triste broche que cerraba una de las épocas más desdichadas de nuestra historia. Pero no todo estaba dicho. El Parlamento, que ya funcionaba durante el reinado de Isabel, decidió dotar al país con un nuevo monarca apadrinado por el General Prim. Y apareció en escena un “paracaidista” real al que llamaron Amadeo I de Saboya.
Este buen hombre, grado 33 de la masonería, más elegante que culto a decir de Eslava Galán (como tantos otros monarcas que en España han sido), tuvo la rara habilidad de concitar contra su figura las iras mancomunadas de toda la oposición parlamentaria e incluso de la iglesia católica, que le achacaba la desamortización y ser, además, hijo del monarca que había clausurado los Estados Pontificios. En febrero de 1873 le dieron “la mota negra” y un billete de regreso a su Turín natal, donde volvió con notable alivio y sin haber aprendido una palabra de castellano.
Alfonso Francisco Fernando Pío Juan de María de la Concepción Gregorio Pelayo de Borbón y Borbón (conocido familiarmente como Alfonso XII), se encontraba en su dulce exilio de Gran Bretaña cuando el insigne prócer don Antonio Cánovas del Castillo (uno de los más brillantes políticos conservadores de la historia contemporánea, artífice de la falsa democracia del “turno de partidos”, de la suspensión de la libertad de cátedra y notable esclavista), le convenció para que se hiciera cargo del trono de España, huérfano desde la abdicación de su madre. En virtud de esa curiosa circunstancia por la cual los reyes tienen extraños derechos a determinadas coronas, el rey en ciernes publicó el Manifiesto de Sandhurst, una verdadera declaración de intenciones reales para gobernar el país. Acababa diciendo que «…ni dejaré de ser buen español ni, como todos mis antepasados, buen católico, ni, como hombre del siglo, verdaderamente liberal».
El general Martínez Campos organizó un levantamiento militar contra la Republica y el asunto se solucionó por la vía rápida.



Continuará en el próximo número.

martes, 28 de febrero de 2017

DE MONARQUIAS Y REPUBLICAS (I)

Nuestros primos italianos optaron, en su minoría de edad política reciente, por una forma de gobierno que a nosotros no nos dio buen resultado según demostraron las experiencias de los años 1873 y 1931. Y sin embargo, habían sido ellos los inventores de la monarquía en el universo cultural que compartimos. Cuenta la leyenda que dos gemelos, quizás de origen etrusco, abandonados a su suerte recién nacidos, fueron amamantados por una loba y rescatados así de un futuro incierto. Crecieron en edad y sabiduría, gracias al aporte energético de aquellos primeros calostros y andando el tiempo, a uno de ellos llamado Rómulo se le ocurrió fundar una ciudad a la que llamó Roma. Como nada es eterno y menos la vida del hombre, tuvo que ser sucedido cuando le llegó la hora por otro rey que heredó sus posesiones y su mando. Se llamaba este último Numa Pompilio y fue el segundo de una serie de reyes (Tulio Hostilio, Anco Marcio, Lucio Tarquino Prisco, Servio Tulio y Tarquino el soberbio), elegidos por el pueblo de Roma para que gobernaran de forma vitalicia. En un alarde de imaginación, se les reconoció el derecho de auspicium, capacidad para interpretar los designios de los dioses sin cuyo beneplácito no podía realizarse ningún asunto público. Las monarquías de otros países tomaron nota y sus reyes se acogieron también a los designios sagrados. De esta forma lograron que su mandato terrenal quedara refrendado por la divinidad, lo que hacía muy difícil que sus actuaciones fueran puestas en tela de juicio. El ultimo de la serie romana que, como su nombre indica era algo déspota, dio al traste con el sistema y el pueblo se concedió un gobierno republicano, confiando a dos cónsules elegidos anualmente el papel que antes había ostentado los reyes.
Unos 754 años después (ab urbe condita), se iniciaba la era cristiana y los diversos pueblos y naciones ensayaban a su vez sistemas de gobierno que evolucionaron desde las monarquías absolutas a republicas más o menos exitosas y por fin a las democracias modernas, cuyo germen habían ideado los griegos en sus acotadas polis.
Harto de monarcas inútiles, una buena parte del pueblo español optó por el sistema republicano, que proclamaron las cortes el 11 de febrero de 1873. Pero el asunto duró poco, sea por la inmadurez política de la población, por las guerras carlistas, la sublevación cantonal, la guerra de Cuba, o vaya usted a saber, que en esto, como en casi todo en la vida, hay opiniones variadas. El caso es que ninguno de los cuatro presidentes que se sucedieron en los dos años escasos que tuvo de vida la I Republica, lograron estabilizar el país.
Hasta que un conservador malagueño llamado Cánovas del Castillo, organizó la restauración borbónica con el regreso a España del único hijo varón de Isabel II, el príncipe Alfonso de Borbón.



Pero eso merece otro espacio y mayor sosiego.





domingo, 12 de febrero de 2017

ÁRBOLES Y BANDERAS EN SANTOMERA

A mí, lo de plantar árboles me parece bien. Si es en el Siscar (hermoso barrio de mi pueblo), bien. Y si es en Los Ásperos (otro bello paraje del mesmo pueblo), también. Y si es en otro sitio, también.
Si propicia el primer ‘evento’ la comisión de la Memoria Histórica, con el apoyo del ayuntamiento, para hacer un parque con plantones de diferente pelaje, bien. Si el objetivo es que dentro de poco puedan corretear entre sus troncos y bajo las frondas esperadas los chiquillos, pasearse los viejos y arrullarse las parejas promisorias, bien.
Si propicia lo segundo ‘El Quijar de la Vieja’ con su incombustible capitán al frente, en el paraje de ‘Los ásperos’, para que todos nos concienciemos de que hemos de respetar nuestro entorno y dejarlo a nuestros descendientes mejor que lo encontramos, bien también.
Si en el primero se exhiben banderas republicanas (que no serán constitucionales, pero que a muchos les llenan de añoranza esperanzada), bien.
Y si a algún nostálgico trasnochado le parece oportuno acudir el mismo día, a la misma hora a plantar lo que sea (si el lugar es el adecuado), exhibiendo una bandera añeja con aguilucho incluido (aunque tampoco sea constitucional), creyendo dar la réplica a los plantadores originarios, bien.
¡Qué magnífica lección de democracia, libertad y respeto tuvimos! Cada uno que haga lo que le parezca oportuno, sin molestar ni ofender a nadie. Decían los antiguos del pueblo que ‘cada perrico que se lama su p…co’. Y creo que tenían razón.
Al día siguiente, Los Ásperos; plantones de lentisco, acebuches, palmeras, pinos… Picazas inexpertas pero voluntariosas, fraternidad, buena armonía, actividades de pueblo sano. Esta vez sin banderas. Bien, también.
Un buen fin de semana arborícola.

Pax vobiscum, vecinos.
(Por cierto, las fotos son de Blas Rubio, a cada uno lo suyo).

viernes, 27 de enero de 2017

LA CANTERA DE SANTOMERA CON TORTUGAS AL FONDO

Los fríos crueles que nos han azotado en los últimos días han limitado la tertulia, pero como siempre que llueve escampa, la bonanza del timido sol de invierno nos reúne de nuevo al amor de las tostadas y el café mañanero en el hogar del pensionista.
El Cacaseno ataca con renovado brío:
—¿Oísteis ayer la tertulia de la radio?
Los contertulios asienten en silencio.
—¿Se cierra o no se cierra la cantera? Es uno de los acuerdos del programa electoral de PSOE y Alternativa.
—Ya vienes empujando, Cacaseno. Sabes que ese es un caso viejo y doloroso, cuyo solo enunciado levanta ampollas. Más vale dejarlo estar.
—Hombre, tío Juan, cuando no te gusta el giro que toma la cosa, te pones de perfil, como tu jefe de Madrid, y las dejas pasar.
—No es eso, Cacaseno, es que no se puede jugar con el pan de las familias que viven de la cantera.
—No confundas el culo con las témporas, el que vive de la cantera es el empresario, García-Balibrea, que lleva en situación ilegal cuarenta años haciendo su agosto gracias a los agarres que tiene en el gobierno de la comunidad. Es un negocio ilegal, y un tribunal ha corroborado la orden de cierre del Ayuntamiento, así es que ciérrese.
— ¿Y si luego le autorizan la actividad?
— ¿Cuarenta años después? Pues que le reclamen al juez que la ha autorizado. Ya estamos con el fantasma del lucro cesante, a ver si acojonan al ayuntamiento y se están quietos, como todas las anteriores corporaciones. Mira lo que le pasó a Gil, que las pasó canutas por meterse con ellos. Luego lo absolvieron de prevaricación, pero el daño estaba hecho y, que yo sepa, nadie le ha pedido excusas.
—No me cambies el tercio. El verdadero problema es para las familias que podrían quedarse en la calle. Lo único en que si te doy la razón es que no entiendo la postura de los partidos, (o partido, porque el PP también les cerró la planta de hormigón y autorizó el cierre en 2009, según creo), que se manifiestan a favor de la continuidad, como si esa actividad representara algo bueno para el pueblo.
—El tercio lo cambias tú, el problema es el de una actividad ilegal, que pretende cargarse la parte de la sierra de Orihuela que nos pertenece (en la otra parte, protegida, no tendrían nada que rascar), para lograr un beneficio empresarial, que es el único objetivo de cualquier empresa. Por lo que se refiere a los trabajadores, se les ofreció en su día mantenerles los puestos de trabajo haciendo de la cantera un vertedero de estériles o algo por el estilo, y rechazaron la oferta.
—Hombre, no iban a morder la mano que les da de comer.
El asunto se encrespa, como se encrespan todas las ‘tertulias’ donde se manifiestan intereses encontrados, sean del tipo que sean. Fernández interviene:
—Señores, tengo la solución: se cierra la cantera, como dice el juez. El empresario ya habrá hecho a estas alturas las perras necesarias, se convierte la zona en una reserva para la tortuga mora, en peligro de extinción, y se da, con ello, un puesto a los trabajadores cesantes.
— ¿Y por qué para la tortuga mora?
—Porque tener tortugas moras (testudo graeca) está prohibido, si te coge el SEPRONA con ellas te las quita y te pone un multazo, luego las llevan al Centro de Recuperación del Valle y las sacrifican. ¡Toma castañas y conservación de la especie!

—Oye, pues no me desagrada esa solución. Será cuestión de hablarlo.

martes, 10 de enero de 2017

ASCETAS

Me dijeron: ‘Si quieres comprender, sube a la montaña donde moran los ascetas entregados a la meditación y al ayuno, ellos poseen la sabiduría. Conocen el pasado y el futuro de los hombres, nada les es ajeno ni oculto’.
Llevaba tanto tiempo buscando, que unas jornadas más de recorrido no tenían importancia. Me dirigí a la montaña de las nieves eternas que alimentan a la madre Ganga. Alli encontré un hombre que jamás habia cortado sus cabellos y envolvía su escuálido cuerpo en harapos.
—Dime, padre santo, cual es el objetivo de la vida.
Permaneció en silencio, absorto en sus meditaciones tres días, al cabo de los cuales me respondió, con un soplo de voz:
—La vida tiene un solo objetivo, que comienza y acaba en ella misma.
Seguí ascendiendo la montaña y encontré a otro hombre santo que mantenía su puño cerrado, a través del cual habían crecido las uñas hasta traspasar la palma.
—Dime, padre venerable, ¿Cuál es el objetivo de la vida?
Meditó durante un día y me respondió:
—Es la contemplación de uno mismo hasta lograr la comprensión de lo absoluto.
Seguí ascendiendo la montaña. Encontré al más anciano y respetado de cuantos santos pueblan aquellas cimas. Tenía extendido un brazo por encima de su cabeza y en el cuenco cerrado de la mano, lleno de tierra, habia plantado un arbusto cuyas raíces se enroscaban en su cuerpo.
—Dime, padre de los venerables ¿Cuál es el objetivo de la vida?
Me miró con ojos vacíos.
—No tengo respuesta, para ti ni para mí.

Decidí quedarme junto a él.   

martes, 3 de enero de 2017

JUDÍOS, RELIGIONES, Y ARBOLES DE NAVIDAD


Leo en la prensa que el rabino de uno de los más prestigiosos centros universitarios de Haifa, el Politécnico Technion, prohíbe a los estudiantes judíos que visiten las dependencias de la Unión Estudiantil, donde se encuentra instalado un árbol de navidad, por considerarlo un símbolo pagano que atenta gravemente contra el imaginario y las costumbres judías. Para el rabino Elad Dokow, la colocación del árbol es una afrenta a “la identidad judía” y un símbolo de “idolatría pagana”. “El árbol de navidad es un símbolo, no cristiano sino más problemático aún, pagano. La Halajá (ley religiosa judía) nos dice que, siempre que podamos, eludamos pasar por un lugar donde haya cualquier tipo de idolatría”, escribió en la página web Sruguim.
El caso ha desencadenado cierta polémica, ya que todas las autoridades religiosas judías no tienen una idea tan restrictiva de lo que significan los símbolos ‘paganos’ en relación con la ortodoxia judía. Así, el portavoz del Consejo de Obispos de Tierra Santa, Wadie Abunassar, condenó la decisión: “El rabino Dokow puede expresar su libre opinión, pero no interferir en la libertad de otros. También los que colocaron el árbol son personas libres. La sociedad israelí necesita respeto y tolerancia y no veredictos rabínicos que causen más separación”, declaró.
Y más allá de lo anecdótico que parezca elevar a categoría de símbolo religioso o pagano un modesto árbol de navidad, surge la reflexión de hasta qué punto los extremismos religiosos son capaces de perturbar la convivencia de las personas, basándose solamente en ideas, tradiciones o religiones, tan verdaderas o falsas como cada uno pueda considerar siguiendo su libre opinión.
Resulta curioso, o por lo menos digno de reflexión el hecho de que los mitos, de cualquier tipo que sean, necesitan para su sustento y reafirmación un número creciente de seguidores (‘somos muchos, todos creemos lo mismo, luego esa es la verdad’). La diferencia entre secta y religión es solamente una cuestión de número.
Si de verdad la religión fuera un problema de firme creencia, no serian precisos ni la expansión del número de adeptos ni la exclusividad de ritos y símbolos. Cuando uno está firmemente seguro de algo, de poco han de importarle las ideas u  opiniones de los demás.
Los judíos tienen la ventaja, (además de poseer la única religión verdadera), de ser el pueblo escogido por su dios. La primera de las ‘religiones del libro’, el judaísmo, reúne a unos 18M. de fieles, mientras que los cristianos suman cerca de los 2.000M. y los musulmanes alrededor de los 1.500M., por no hablar de los otros miles de millones que profesan diferentes religiones (Budismo, Brahmanismo, Confucionismo, etc.), o no profesan ninguna. El espectro es de considerable amplitud.
Al parecer esto de las religiones es asunto que trasciende jornadas de Yom Kippur, Acción de Gracias, Navidades, Fiestas del Cordero, y asuntos similares. Todas son verdaderas o falsas, según el color del cristal con que se mire, y una buena praxis para la convivencia imprescindible, en este mundo que compartimos todos con igual derecho, sería respetar las ideas de cada uno sin imponer las propias. Y concederle a las creencias y los mitos la importancia que realmente tienen.



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